12.12.17 |

Tres cuentos de Tinder: rediseñando las relaciones sociales.

Desde crear vínculos sociales entre desconocidos hasta encontrar trabajo. El verdadero uso de los productos digitales dependerá de cómo los usuarios los adapten culturalmente.

¿Tinder transformó la sociedad o la sociedad transformó a Tinder? La respuesta puede parecer obvia, pero te invito a que la analicemos a fondo juntos.

Veamos. La promesa de esta aplicación es muy simple: “desliza, haz match, chatea”. Después de ingresar unos pocos datos básicos – como una foto de perfil, una descripción de tu personalidad y una explicación de que estás buscando – puedes entrar en el mercado del swipe, donde encontrarás a otras personas que también están “haciendo match” y buscando a quien conocer. Hasta aquí llega la aplicación. Todo lo que sucede después es lo que los antropólogos digitales llamamos adopción cultural de la tecnología.

La forma cómo se utiliza este producto digital es impredecible y depende directamente de cómo sea adaptado culturalmente. Vamos a entenderlo mejor a través de estas tres historias.

Anécdota 1: “el experto en Tinder”.

Una noche, mi amigo Ashwag me contó que, tras varios swipes, había logrado contactar con varias chicas que eran de su gusto. Su entusiasmo se fue debilitando conforme me confesaba su inseguridad al no saber qué decirles a sus nuevas amigas.

Me pidió que lo ayudara. A pesar del torpe conquistador que llevo dentro, conseguí que le respondiera tres de las cuatro chicas. Ojo: ellas pensaban que conversaban con mi amigo, no con otro extraño. Al terminar, lo único que atiné a decirle fue “de ahora en adelante, es asunto tuyo”. Y sí que lo era.

Anécdota 2: “no soy esa clase de chica”.

Una noche de invierno, mi roomie Haidy me vio haciendo un movimiento repetitivo con el pulgar, que iba de izquierda a derecha. De repente, le dije: “llevo un rato por acá y no te he visto en Tinder”. Inmediatamente, ella contestó de manera tajante: “no soy esa clase de chica”.

OK, ¿qué se supone que quería decir con eso? Se lo pregunté un par de días después y ella me respondió: “es que no quiero enredarme con nadie… I don’t wanna hook up”. Claramente, en mi cabeza no había una conexión directa entre chatear y ligar, pero para mi amiga era la consecuencia inmediata de usar Tinder.

Anécdota 3: “todo el tiempo que perdí en LinkedIn”.

Hace algunos años, mi amigo Sebastian perdió súbitamente su empleo. Algunas personas le recomendaron usar una nueva red social llamada LinkedIn, la cual “era como un Facebook, pero para conseguir trabajo”. Después de mucho intentarlo, mi amigo terminó desertando de esta plataforma.

Algún tiempo después, cuando volvimos a hablar, me enteré que había conseguido un nuevo empleo. Tras felicitarlo, le pregunté cómo lo logró. Sin dudarlo, me contestó que lo había hecho a través de Tinder y agregó a su respuesta “pensar todo el tiempo que perdí en LinkedIn”.

Transformación mutua.

A partir de estas anécdotas, te hago nuevamente la pregunta inicial: ¿Tinder transforma la sociedad o la sociedad transforma a Tinder? Pues, ocurren ambas cosas.

Antes de que existiera esta red social, eran tus amigos y/o familiares quienes te presentaban al candidato o la candidata ideal para ser tu pareja potencial. Sin embargo, ahora es Tinder quien realiza esas microconexiones, las amplifica y las vuelve más efectivas.

Por otro lado, está claro que la tecnología no es determinante en sí, pero puede ser percibida como tal y causar nuevos comportamientos en las personas. Esto queda en evidencia en las dos últimas anécdotas, donde la percepción de lo que es Tinder guió el comportamiento de mis amigos.

Al mismo tiempo, en la tercera anécdota vemos todo lo contrario: la versatilidad e impredictibilidad de la tecnología.

Esto es lo que llamamos adaptación social de la tecnología: cómo nosotros, como sociedad con una cultura, toma una herramienta y la hace propia.

Siguiendo los pasos.

¿Cómo replicar el éxito de Tinder? Viendo a tus usuarios como seres que tienen la capacidad de adaptar su entorno digital a sus propias necesidades, su propia forma de ver la vida.

Tu producto o servicio no se está dirigiendo a seres humanos genéricos, sino a un grupo de personas que tienen su propia cultura y necesidades. Trabajar sobre ellas te garantizará ubicuidad y transversalidad, dado que las necesidades básicas siempre van a estar presentes, sin importar el lugar o la época. Además, son necesidades que están continuamente actualizándose, reciclándose y demandando nueva satisfacción, como por ejemplo: si tu cita fue un fracaso, siempre puedes tener otra y empezar de nuevo.

Aunque son imprevisibles, tener en cuenta estas particularidades te permitirá diseñar una experiencia mucho más profunda y duradera.

Estos tres cuentos de Tinder nos dejan muy en claro algo: una vez entregado el producto a las personas, este dejar de ser un simple objeto y pasa a tener una verdadera biografía social y cultural. Y es justo en ese momento que las cosas se ponen más interesantes.

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