23.12.20 | Innovación

Cómo generar ideas creativas como UX writer

En el mundo del Product & Service Design, uno de los problemas a los que se enfrenta un UX writer -y los encargados de contenido en general-, es quedarse sin ideas y enfrentarse a la intimidante hoja en blanco. En este artículo, compartiremos 2 métodos que te ayudarán a superar esta traba como redactor, uno de ellos basado en la neurociencia.

Un poco de contexto

Cuando me dedicaba al periodismo digital, ante una jornada de sequía de notas y mi justificación de “que no había sobre qué escribir”, mi editora en jefe me dijo algo que me marcaría: “un periodista siempre tiene algo sobre qué escribir”. Si aplicamos esto en el amplio campo de la redacción, nos podemos dar cuenta de que el problema no es que no haya sobre qué escribir, sino cómo abordamos el tema y, mejor dicho, cómo comenzamos a abordarlo.

Ya trabajando como copywriter y UX writer, en temas de innovación y Product & Service Design, confirmo que el problema es el mismo. Si bien, en muchos de los casos sabemos sobre qué escribir, ya sean copys o microcopys; existen otros tipos de contenido que pueden partir de la propuesta del redactor, como publicaciones en blogs, presentaciones, posts, etc. En ambas situaciones, el contenido debe capturar la atención del lector, hacer match con sus necesidades de información, conquistarlo y llevarlo a realizar una acción.

Pero, para lograr que nuestro contenido capte la atención de las personas, debemos hacerlo destacar abordándolo de forma creativa y diferente que el resto. El problema surge cuando nos preguntamos cómo hacerlo, porque el cerebro reacciona ante esta pregunta de 2 maneras diferentes, puede comenzar a generar decenas de ideas al instante -y que no sabes por dónde empezar-, o el miedo a fallar le cierra las puertas a tu creatividad. Entonces, ¿qué debemos hacer?

“Si no lo puedes explicar de forma sencilla, es que no lo has entendido bien”. (Albert Einstein)

Hay un punto de partida: saber sobre qué vas a escribir. Recoge toda la información posible. Creer que lo sabemos todo, siempre será nuestro peor error. Hazte preguntas; si tú fueras el lector, ¿qué te gustaría saber? (es mucho mejor si puedes preguntarle a personas que encajen con el perfil de tus lectores). En caso de que el tema lo debas proponer tú, recuerda que debe estar ligado a los objetivos de comunicación de tu marca, medio de comunicación, área, etc.

Teniendo claro el punto de partida, ya puedes usar estos métodos…

Método 1

Si la hoja en blanco está frente a ti, escribe lo que se te venga a la mente sobre el tema a tratar. Hazlo sin parar, sin detenerte en los errores; piérdele el miedo a equivocarte, porque este miedo es el que no deja salir a las ideas creativas, por ser nuevas y no encajar con lo antes visto o redactado. Si no se te ocurre nada, ¡bueno!, comienza con eso: “No se me ocurre nada, pero debería estar hablando sobre [tema] y decirle a los lectores que se trata de…”.

Luego de escribir como si fueras un médium recibiendo señales del más allá, y haber agotado todas las ideas que vinieron a tu cabeza, descansa un par de minutos. Ahora, comienza a corregir las palabras inentendibles, separa las ideas y enuméralas, reúne las que son similares, cambia de colores las que te parezcan disparatadas o graciosas, pon a un lado las que definitivamente no te sirven (pero no las borres, por algo aparecieron) y mejora las que más te han gustado.

Si bien no tienes el texto final, ya tienes mucho con qué trabajar. Nunca pienses que lo primero que se te ocurra será lo mejor que se te va a ocurrir, una idea solo es exitosa cuando se ha trabajado a partir de ella, así que no te enamores de tu primer texto, siempre se puede mejorar.

“Nunca pienses que lo primero que se te ocurra será lo mejor que se te va a ocurrir”.

Antes de pasar al siguiente método, quiero hablarte de la procrastinación, muy mal vista en lo laboral. Yo soy una persona que se distrae muy rápido y sé que tú, querido lector, también lo eres. Pero aquí te doy una buena noticia, la procrastinación le puede ser muy útil a un UX writer y a los encargados de contenido, solo hay que saber cómo utilizarla y para esto debemos conocer cómo trabaja nuestro cerebro.

Barbara Oakley, galardonada profesora de Ingeniería en la Universidad de Oakland, escritora y uno de los mayores referentes internacionales sobre neuroeducación, nos explica que el cerebro tiene dos redes que trabajan de manera muy distinta. Una dedicada al pensamiento enfocado, que es cuando nos concentramos en una tarea, y otra dedicada al pensamiento difuso, que trabaja en segundo plano; es decir, cuando dejamos de prestar atención a la tarea y realizamos otra cosa distinta.

Te lo explico…

Cuando leemos los requerimientos y nos informamos sobre lo que vamos a comunicar buscando absorber cada dato, nuestro cerebro comienza a procesar esta información, enlazándola con nuestros archivos mentales que ha considerado serán los más útiles para resolver esta tarea. Así comienzan a surgir algunas ideas. De este proceso, somos totalmente conscientes, pues es aquí donde tratamos de centrarnos en nuestra labor.

Por otro lado, ¿no te ha pasado que, cuando estás realizando una actividad completamente alejada de lo laboral ¡pum! aparece una idea de la nada, que resuelve algo que viniste trabajando toda la mañana? Pues no surgió de la nada, tu cerebro siguió trabajando en resolver esa tarea inicial, solo que tú no eras consciente de ello. En este proceso, el pensamiento es más libre y no se condiciona a ciertos archivos, sino que recorre una mayor cantidad de vías neurales, generando nuevos enfoques para resolver la tarea.

Barbara Oakley nos explica cómo, en el modo difuso, el pensamiento transita más libremente que en el modo enfocado. (Foto: TEDx Talks)

Oakley, nos cuenta que Dalí acostumbraba a relajarse en una silla, pensando vagamente en algo en lo que se había concentrado minutos antes. Solía tener una llave en su mano, moviéndola justo por encima del suelo. Cuando comenzaba a quedarse dormido, la llave se le caía de la mano y el ruido lo despertaba justo a tiempo para que pudiese recoger esas ideas difusas que estaban en su mente. Después, regresaba al modo de concentración, incorporando las nuevas conexiones que había hecho mientras estaba en el modo difuso y se ponía a pintar.

Método 2

El ingeniero italiano, Francesco Cirillo, le regaló al mundo la técnica Pomodoro, la cual es perfecta para aprovechar estos 2 modos de trabajar de nuestro cerebro. Consiste en agarrar un temporizador y ponerlo en 25 minutos, apagar todas las interrupciones y, después, concentrarte en la tarea a resolver. Al terminar el tiempo, levántate de tu silla y date a ti mismo una pequeña recompensa. Unos minutos en tus redes sociales, una taza de café, una pequeñísima siesta, una caminata o una charla, permitiendo que tu cerebro cambie tranquilamente su foco durante un tiempo.

Luego vuelve al trabajo y verás cómo nuevas maneras de abordar lo que estabas haciendo van a aparecer. No es magia, es solo nuestro cerebro haciendo lo que siempre hace y que, por distraernos más de lo debido, no hemos sabido aprovechar.

Reflexión

Practica este último método de manera continua y si deseas mézclalo con el primer método, verás lo eficaz que resulta. A mí me ayudó a escribir este artículo, que, espero les sirva de mucho. Me voy por un café, que tengan un buen día.

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